La niebla es el mundo de las travesuras



-"No tengas miedo, sólo es niebla...". La voz de un hombre le susurró al oído.

-"Pero tengo miedo, la niebla no me deja ver y no sé que es lo que me espera". Contestó ella mirando a su alrededor, sin saber de donde procedía aquella voz.

-"La niebla te llevará a un mundo de fantasías, un mundo de deseos, un mundo de placeres...sólo has de dejarte llevar". Esta vez era la voz de una mujer la que le susurraba al oído.

-"Y ¿qué debo hacer?". Contestó ella, mientras la niebla la envolvía y la aislaba cada vez más del mundo real.

-"Sólo has de disfrutar de lo que te ofrecemos y liberar tu mente para que viajes entre la niebla"

Eso es lo que te proponemos en este Blog, que liberes tu mente y te dejes llevar por nuestros relatos, en ellos encontrarás algunas de tus fantasías, despertarás tus deseos y descubrirás una nueva forma de placer.
Bienvenido a un mundo de fantasías, donde podrás imaginar que eres tú el protagonista, después de esto sólo podemos desearte que lo disfrutes...

jueves, 27 de diciembre de 2007

De Greyjoy a Dafne...

Mi querida Dafne…

Espero que este largo silencio por mi parte no te haya preocupado…o que te haya hecho dudar de mí, aunque haya sido solo por un momento. Desearía haberte podido contestar antes…y, sobre todo, poder decirte palabras tranquilizadoras. Pero no es así. Ni siquiera puedo decir que lo que me has contado en tu carta me haya encontrado desprevenido.

Yo también la he visto, Dafne. También a mí me ha visitado. Fue hace apenas unos días, al atardecer, cuando volvía con Argos de recorrer las tierras que se extienden más allá del lago helado. Era ya de noche, y en el sendero que bajaba hasta el pueblo no se veía un alma. Nadie se atreve ya a estar fuera de sus casas a esas horas. No es seguro. Argos correteaba delante de mí, atravesando el camino de lado a lado, ahuyentando a algunos animales rezagados, que desaparecían en la oscuridad del bosque.

La temperatura era cada vez más baja, más incluso de lo habitual en invierno. El frío atravesaba mi grueso manto de viaje, así que apreté el paso. Pero antes de que pudiera llegar a la curva junto al viejo cedro, donde se abre un nuevo camino que lleva hasta mi cabaña, algo extraño pasó. Argos se había quedado clavado en el suelo, la cabeza erguida, olfateando en el aire, inquieto. Después empezó a ladrar y volvió corriendo hacia mí, pegándose a mis piernas. Pude notar que temblaba. Despacio, caminé hasta el tronco del árbol, desde donde se podían ver, a la derecha, las casas del pueblo, muy pegadas unas a otras, silenciosas, dejando escapar apenas la luz y el humo de las hogueras que ardían dentro. A la izquierda, la sombría forma de mi cabaña. Pero esta vez había algo más. Alguien aguardaba junto a la puerta, sentado en uno de los bancos de piedra que la flanqueaban y envuelto por completo en un oscuro manto que le cubría incluso la cabeza.

Al instante supe quién era, pero aún así bajé. Argos no quería avanzar y, solo después de verme iniciar la marcha, comenzó a seguirme a cierta distancia, con las orejas gachas y el morro pegado al suelo.
- “Greyjoy, te esperaba”, dijo la figura del manto. Era una voz de mujer, suave y melodiosa. Sin embargo, al mismo tiempo tenía algo desagradable, un leve susurro metálico que se deslizaba en cada sílaba, apenas perceptible, como las espinas bajo los pétalos de la rosa. No pude evitar un estremecimiento.
- “Supongo que no has venido a por mí, porque no tienes por costumbre presentarte así”, le dije, tratando de serenarme.
Con un movimiento pausado la figura descubrió su rostro, dejando caer la capucha hacia atrás. Era una mujer, ciertamente, pero de una edad indefinible, de rasgos finos, aunque no exactamente hermosos. Las líneas de su rostro era perfectas, los ojos, de un azul profundo, el cabello largo, oscuro, esparciéndose en suaves ondas sobre sus hombros. Pero al igual que sucedía con su voz, detrás de su apariencia se escondía algo. No sé cómo explicarlo, pero era de una belleza cruel. Ella percibió mi confusión y casi como si hubiera podido leer mis pensamientos volvió a dirigirse a mí.
- “¿Qué sucede Greyjoy? Veo que sabes quien soy…pero parece que te sorprende mi aspecto. ¿Acaso esperabas un esqueleto…o una vieja descarnada con una guadaña?”, dijo, y se rió. Su risa era aún más fría y metálica que su voz. “Pero no te preocupes, porque no vengo a llevarte…ni siquiera a tentarte, si eso es lo que temes. Sé de sobra quién ocupa tus pensamientos…nuestros caminos se ah cruzado hace no demasiado”.
El miedo y la desesperación que se dibujaron en mi rostro en ese momento parecieron divertirla, pero antes de que pudiera decir nada continuó.
- “No…no debes preocuparte por ella…todavía. Solo he ido a avisarla, como a ti. Aunque te resulte difícil creerlo, os aprecio, Greyjoy, a ti y a Dafne. Sé bien todo lo que habeis tenido que pasar estos años…y por eso he venido. Es hora de abandonar, Greyjoy. Olvida la niebla, olvida que eres un guardián. Ya no hay nada que puedas hacer.”. Negué con la cabeza y ella siguió hablando. “Todo lo que has defendido se acabó, forma parte del pasado, de mí… ¿Por qué insistes en aferrarte a vanas esperanzas? ¿Por qué no piensas, por una vez, en ti? O mejor… ¿por qué no piensas, por una vez, en Dafne? No renuncies por más tiempo a ella…a lo que podríais vivir juntos…puedo garantizarte una larga vida, Greyjoy, piénsalo…”

- “Basta”, la interrumpí, “no intentes convencerme. La vida de los guardianes no es fácil…pero no tenemos elección, ni siquiera nos lo planteamos. Es nuestro deber y con eso es suficiente. Así nos lo enseñaron y así seguirá siendo, ahora y después de nosotros”.
Sin perder la sonrisa, se acercó un par de pasos y colocó su mano sobre mi hombro. Al instante un frío terrible me recorrió todo el cuerpo, deslizándose entre mis huesos. Tuve que hacer un esfuerzo para no echarme atrás. “Digno guardián, Greyjoy. Pero ya has demostrado bastante. No le debes nada a nadie…Piensa en los que quedan a tu lado. Solo tienes a Dafne. ¿Estás dispuesto a perderla por ese empeño estúpido en una causa ya perdida? Además…. ¿estás seguro de que ella te seguirá siempre?”
-“Sin dudarlo”, le respondí.
-“Pues estás muy equivocado…Greyjoy, ella ya se ha rendido. Ha comprendido lo que tú te niegas a ver y te ha elegido a ti”, dijo ella, colocándose a mi espalda sin apartar de mi su mano, que empezaba a sentir como una pesada losa que hacía temblar mis rodillas.
-“No…no es posible. Ella jamás haría algo así”, me opuse, algo titubeante. Me sentía cada vez más cansado. “No te atrevas a volver a visitarla…no lo hagas o…”
-“O que…Mi pequeño Greyjoy, eres patético”, me dijo, con un susurro gélido, pegando su boca a mi oido. “No podrías ni soñar con hacerme nada…deberías estar agradecido por esta visita de cortesía que te hago. Hazme caso, Greyjoy…es mejor abandonar ahora…”.
Mis ojos se cerraron. Sabía que era imposible, pero ahora me parecía que era tu voz la que me hablaba. “¿Por qué no quieres que estemos juntos? Te añoro….te necesito…necesito tus besos, tus caricias”. Sus palabras se deslizaban dentro de mí, y al mismo tiempo sus manos recorrían mi cuello y se abrían camino bajo el manto, por mis hombros, mi pecho… “ven conmigo ahora…dejemos todo esto…”. Ahora sentía su respiración en mi rostro, muy cerca. En el fondo de mí sabía que no eras tú…pero tenía los ojos como sellados…y era tu voz la que hablaba…tus manos las que me empujaban dentro, las que me despojaban del manto y lo hacían caer a mis pies…tu cuerpo el que se pegaba al mío, anhelante…tu boca la que besaba mi cuello, lo mordía, buscando volverme loco…haciendo que mis manos te buscaran, recorrieran tu figura, el suave contorno de tus pechos, tu cintura, tus caderas… “Greyjoy…te deseo…hazme tuya…”, decías, mientras tus manos bajaban por mi vientre, aumentando mi excitación, tomando con una de ellas la mía y llevándola entre tus muslos…Tus besos me enardecieron aún más…cuando empezaron a bajar por mi garganta, mi pecho, mi estomago…
- “No…no…Dafne”, intenté articular…
- “Olvida a Dafne”, dijo, cambiando súbitamente el tono de voz. “Entrégate a mí y vive para siempre…”
Oir tu nombre consiguió despertarme y pude reaccionar. La aparté de mí y la arrojé al suelo. Se levantó como una fiera rabiosa. Me sentía liberado, fuerte, tu recuerdo había prendido en mí como una llama. “Márchate, miserable”, exclamé. “No vuelvas a intentar tus engaños conmigo. A muchos héroes has confundido desde la noche de los tiempos…y todos han terminado por arrepentirse. ¿O no clamaba Aquiles por ser esclavo en la tierra antes que rey en los infiernos? El cayó en tus redes…le prometiste la fama, y cumpliste, pero no le advertiste de lo que perdía. Tu amor es frío y oscuro y solo causa dolor y angustia. Aléjate…y no vuelvas hasta que no sea tu deber.”
-“Eres un estúpido, Greyjoy. Has desperdiciado tu última oportunidad…La próxima vez que nos veamos no te podrás negar a acompañarme…Dafne no se ha rendido, es cierto, pero no tardará. Piensa bien lo que te dicho…y recuerda, la niebla ya no existe…pregunta en el pueblo…a pocos encontrarás que la recuerden…es cuestión de tiempo”. Dicho esto, recogió su manto y salió.
Argos estaba escondido bajo la mesa. Yo me apoyé en ella, consciente de lo que había estado a punto de ocurrir y pensando en todo lo que me había dicho. Seguí haciéndolo toda la noche. Desde entonces no he podido dormir apenas. No por temor a ella, pues sé que cumplirá su palabra, sino por miedo a equivocarme. Dafne, ¿crees que puede tener razón? Estoy realmente asustado…a la mañana siguiente, de camino al pueblo, encontré a unos chiquillos jugando junto al arroyo. Les pregunté por la niebla…y me miraron extrañados. No sabían de que les hablaba. Solo al final uno me dijo que creía haberle oido a su abuela contar historias sobre ella alrededor del fuego, las noches de tormenta. “Pero es muy vieja, señor…y no sabe lo que dice”, dijo, riendo despreocupado.
Solo tú entiendes lo que siento en este preciso instante y por eso es a ti a quien se lo confío. Me siento muy solo…y te necesito más que nunca. En momentos así, temo dejarme llevar y hundirme. No quiero estar perdiendo el tiempo, estar perdiéndote a ti. No dudo de nuestro cometido, de los deberes que nos atan, no me entiendas mal, pero creo que es preciso que nos veamos. Estoy pensando muy seriamente en viajar hacia el este para verte. Quizás te parezca una locura…si es así dímelo, pero confío en que tus deseos caminen junto a los míos.
Se acaba el año…por eso quiero que me hables de su última noche…

Mientras espero tus líneas…te mando un beso dulce y cálido

Greyjoy