Querido Greyjoy:
Tu relato me ha conmovido, no recordaba la historia de la triste Selene…los dioses se apiadaron de ella y espero que se apiaden de nosotros y de la Niebla.
La Noche en la Ciudad, que puedo decir sobre eso, es el territorio de los guardianes, cuando mostramos nuestro verdadero rostro, nuestros verdaderos sentimientos, cuando buscamos la niebla como se busca el agua en un desierto, desesperadamente… Pero no siempre fue así.
Hace años, ya demasiados años, los guardianes de la niebla no existían, el reino era dirigido por el Rey Niebla el cual tenía un pacto con la luna y el sol, ellos protegían el reino durante la noche y durante el día, regían las mareas del océano, hacían crecer los cultivos y en general daban la vida al reino. La gente los adoraba y adoraban al rey por ser capaz de mantener ese pacto con ellos.
Sin embargo, fue durante el gran incendio de la segunda era cuando todo cambió. Nadie ha conseguido saber que fue lo que pasó aquel día, ni siquiera si realmente fue fuego lo que nos invadió, ya que nadie lo vio, sólo se sabe que el humo lo cubrió todo. El cielo dejó de existir, la luz desapareció, el aire se enrareció y las gentes enloquecieron.
La oscuridad lo sumió todo, el Rey Niebla seguía con su labor de defensa, sin embargo los rumores comenzaron a viajar con él, se decía que la niebla se había transformado en humo y que el rey había pactado con la luna y traicionado al sol, y este, al ser deshonrado, lo había abandona a él y al pueblo… se le comenzó a mirar con recelo y las gentes dejaron la verdad a un lado y sólo creyeron en los falsos rumores.
La desconfianza lo invadía todo, y el rey fue abandonado por sus caballeros y por su pueblo, se vio obligado a huir a los bosques del Norte hasta el día en que el humo desapareció y el sol volvió a lucir. Pero para entonces la gente había cambiado, y los valores del reino se habían perdido. El rey sólo no podía luchar por su reino, y fue ahí donde nacieron los guardianes, de la petición desesperada de un rey a los dioses para poder mantener lo único que hacía que su reino sobreviviera, la niebla.
Dicen que los dioses crearon cuatro guardianes a partir de la nada, y que los dotaron del don de la palabra y con la maldición de la luna, por lo cual sólo podían vivir plenamente en la noche. Durante el día una falsa, durante la noche la verdad.
Desde entonces hasta ahora las noches en la ciudad se han convertido en algo mágico, donde los guardianes nos movemos a nuestras anchas y nos inspiramos para nuestros escritos.
Me retaste a escribir sobre la noche en la ciudad, te podría escribir miles de historias que han pasado cuando el sol se pone, muchas ajenas y muchas propias. Pero hay un momento que recuerdo especialmente, fue en un viaje al punto central, donde se cruzaban el norte, el sur, el este y el oeste, yo no debía de tener más de ocho años. Iba de la mano del guardián del este en esa época, Viento, al que me entregaron en mi tierna infancia y al que agradezco todo lo que he llegado a ser.
La noche era fría, muy fría, el único calor que notaba era el que trasmitía su mano en mi mano, caminábamos por las calles de la ciudad de forma precipitada hasta que llegamos a un callejón, en el había otro hombre con un niño. Viento me indicó que me sentara en el borde de la acera y esperara en silencio, el hombre desconocido se ve que hizo lo mismo porque el niño se sentó junto a mí y entonces el único calor que sentí fue el que transmitía su cuerpo junto al mío. Disimuladamente lo miraba, y él me miraba a mí, hasta que nuestras miradas se cruzaron, de mis labios surgió una sonrisa y él respondió con el mismo gesto, entonces Viento me llamó y extendió la mano, yo acudí corriendo en busca del calor que desprendía, y de la misma forma que llegamos nos marchamos. En el camino de vuelta le pregunté por quienes eran esas dos personas.
-“El hombre es el guardián del oeste, y el niño, si todo va bien, será el guardián del este”-. Tras decir eso me miró con ojos tiernos. Lo que decía no podía ser cierto, yo era la destinada al ser la guardiana del este.
-“Si el será el guardián del este ¿yo qué seré?”-. Le pregunté temblorosa por miedo a mi destierro.
-“Tú serás su mujer, vosotros estáis destinados a cuidar del este del Reino de la Niebla, y a partir de ahora has de mantener un contacto con él para que os vayáis conociendo, lo entiendes ¿verdad?”-. Afirme con mi cabeza aunque realmente no entendí nada hasta pasados algunos años, y cuando lo entendí todo se precipitó. Primero el sur desapareció, después el norte, y los guardianes que quedaron fueron asesinados…tú y yo tuvimos que tomar decisiones que no nos correspondían, y optamos porque tú vigilaras el oeste y yo el este. Y nuestra historia quedó olvidada, porque antes que nada somos guardianes.
Sé que no sirve de consuelo, pero cada noche recuerdo a aquel niño que me sonrió e imaginó como sería besarlo, como sería besarte…pero son sólo pensamientos, quién sabe, quizás algún día. Ahora no es tiempo de amores, sino de supervivencia, te deseo toda la suerte en tu viaje y espero que te acuerdes de mi y que traigas buenas nuevas… Mientras espero que tengas tiempo y me puedas escribir alguna historia sobre la nieve.
Desde la soledad del este, Dafne.
martes, 17 de julio de 2007
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2 comentarios:
Hola te ví comentando en un blog y decidí visitarte.
Con solo leer el texto de descripción me he quedado enganchado. Me parece muy interesante y atractiva la forma en que escribes.
Suerte con tu blog ;D
Gracias por tu comentario, espero recibir más y que me cuentes que te va pareciendo. Un saludo de Dafne y Greyjoy
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